16/02/2026 10:05:56
Línea Verde
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Se ha cuestionado de forma contundente el relato que posicionaba a la guerra civil siria como el primer gran «conflicto climático» de la era moderna. Un nuevo informe del Instituto de Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-Inweh) desmiente esta narrativa, calificándola de «reduccionista», y traslada la responsabilidad del estallido social de los factores ambientales a los fallos sistémicos de la gobernanza.
El estudio, titulado “El nexo entre sequía, migración y conflicto: ¿Fue la guerra civil siria realmente causada por el cambio climático?”, sostiene que, aunque la sequía meteorológica fue una realidad física innegable entre 2007 y 2009, no fue el detonante automático del levantamiento. La investigación revela que el colapso de los medios de vida rurales y el posterior abandono masivo de tierras se debieron a décadas de políticas estatales desadaptativas y no a un evento de estrés ambiental aislado.
Mediante el análisis de datos satelitales y entrevistas con agricultores, los autores descubrieron que la crisis comenzó a gestarse mucho antes de la falta de lluvias. Entre 2001 y 2016, se registró un abandono del 19% de las tierras de cultivo. Este colapso estructural fue impulsado por desigualdades profundas y recortes drásticos de subsidios esenciales que dejaron desprotegidos a los sectores más vulnerables del campo.
«Culpar a la falta de lluvia ignora las decisiones políticas deliberadas que privaron a los agricultores de sus redes de seguridad», señala Lina Eklund, investigadora principal del informe. Los datos de teledetección aportan una prueba reveladora: el sector agrícola sirio mostró una notable resiliencia tras la sequía, alcanzando un máximo casi récord de actividad en 2010, cubriendo el 90% de la superficie cultivable apenas un año antes del conflicto.
Sin embargo, esta recuperación fue desigual. Mientras que las zonas con riego estatal mantenían su productividad, los pequeños productores del noreste, dependientes del agua de lluvia, sufrieron una «tormenta perfecta». En 2008 y 2009, el gobierno eliminó los subsidios a fertilizantes y combustibles, triplicando el coste del diésel para el riego de la noche a la mañana.
El informe concluye que la migración antes de 2011 no era un preludio de guerra, sino una estrategia tradicional de supervivencia económica interna. Fue la violencia del conflicto, y no la aridez del suelo, lo que transformó este flujo adaptativo en un desplazamiento forzado y permanente. La comparativa con regiones vecinas en Turquía, que enfrentaron condiciones climáticas idénticas pero con una mejor gestión hídrica, refuerza la tesis: la diferencia entre la estabilidad y el caos no residió en las nubes, sino en la calidad de las instituciones.
La entrada Un informe de la ONU cuestiona la relación directa entre la sequía y la guerra de Siria se publicó primero en Ambientum Portal Lider Medioambiente.
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